Altar Familiar
Hay un llamado que no podemos delegar ni postergar: que cada hogar vuelva a ser un
lugar donde habita la presencia del Señor.
No se trata solo de reunirnos los domingos, sino de edificar altares en lo secreto.
Para esto, será necesario tomar una decisión intencional:
reservar un tiempo y apartar un espacio para Dios como familia.
Y en esto queremos ser claros y prácticos: cada familia debe definir su propio día y su
propia hora.
No algo improvisado, sino un tiempo apartado con intención, como una cita con el
Señor.
Un tiempo donde:
• La Palabra sea abierta y escuchada
• La oración sea levantada juntos
• La adoración fluya desde el corazón
Aquí hay un principio espiritual que debemos recuperar: el hogar es el primer lugar de
pastoreo. El padre y la madre no solo sostienen una casa, sostienen un altar. Son
llamados a guiar, enseñar y modelar la vida con Dios.Y los hijos no son espectadores,
son parte activa de ese altar: aprenden a adorar, a orar y a reconocer la voz del
Señor.Cuando esto ocurre, la familia deja de ser solo un grupo que convive, y se
transforma en algo espiritual y vivo:
un altar encendido. Un altar donde Dios se manifiesta, donde Su presencia habita, y
donde asciende un olor grato —una vida que le busca con sinceridad. Porque donde hay
una familia que se ordena para buscar a Dios, Dios responde con Su presenc